El dilema del omnívoro de Michael Pollan

“¿Qué deberíamos comer esta noche?”

Una pregunta cotidiana y que a primera vista parece simple. Podría ser, tal vez, unas onces con té, pan y mortadela. Si tienes hambre, quizás algo más elaborado como un plato de arroz con atún o por qué no algo más liviano para la noche, como una ensalada con carne.  

Podemos ir y comprar esta comida en la feria, el supermercado o el negocio de la esquina (al menos, los citadinos) pero, ¿y ellos de dónde la sacan? Dependiendo de dónde estés, el trigo, muy posiblemente, venga de Canadá o de Estados Unidos; el arroz, de Argentina; el atún, de Perú Pero, lo que nos podemos preguntar no es solo “el dónde”, podríamos entrar en más detalles y preguntarnos “en qué condiciones fue criado el vacuno”, “si el atún fue pescado de manera sustentable” y “¡de qué diablos está hecha la mortadela!”. Incluso podemos ir más allá, y preguntarnos cosas como “¿por qué  tenemos que importar pescado si nuestra costa tiene más de 4.000 km?” o “¿cómo es posible que estos tomates no tengan sabor?”.

Así podemos seguir entrando en un sinfín de dudas sobre cómo llegan hasta nosotros los alimentos que consumimos cada día. Pero lo realmente inquietante de cuestionarnos, al respecto, llega cuando intentamos dar respuestas. ¡Es sorprendentemente difícil!  

Como nunca antes en la historia, tenemos acceso a una amplia variedad de comida de manera constante durante todo el año. Pero también, como nunca antes en la historia, la cadena productiva se ha vuelto tan compleja, que resulta cada vez más difícil saber de dónde viene y cómo se produce lo que comemos. Esto implica para todos nosotros un dilema; no sabemos cómo ni de dónde viene la comida que consumimos, tampoco podemos entender las consecuencias que hay detrás del simple acto de comer.

Para responder a esta pregunta, Michael Pollan se embarca en un viaje donde investiga la cadena productiva de cuatro cenas. ¿Por qué cuatro? Pues cada una es representativa de distintas industrias y filosofías agroalimentarias:  Está la comida de “McDonalds”, que representa a la agroindustria;  la comida de la industria orgánica, donde hace una comida solo con productos orgánicos certificados y comprados en un supermercado; la comida de una granja sustentable y finalmente una comida que es cazada y recolectada.

A través de estas cenas, el autor nos acerca no solamente a la realidad de la producción agropecuaria, sino que también nos presenta los problemas éticos y las consecuencias ambientales de la industria alimentaria. Cada menú plantea un conjunto de preguntas y respuestas que llevan hacia un debate de lo complejo que es para el hombre decidir sobre qué comer y las consecuencias de su decisión.

Para la gente que vive y trabaja en el campo, las respuestas de dónde viene la comida pueden parecer mucho más simples que para la gente que vive en la ciudad (para quienes esto es un verdadero misterio). Sin embargo, los productores del campo también han sufrido una desconexión con los consumidores que parecen estar cada vez más alejados de lo que ocurre allí. Y la industria transformadora de alimentos ha llevado esta desconexión más allá.  Este libro cumple un interesante rol de tender puentes entre los consumidores y los productores, al explicar las inquietudes que los consumidores tienen en cuanto a lo que comen. Además presenta la realidad productiva que normalmente está oculta.

Los invito a leer este libro para que sigamos opinando al respecto. Si ya lo leyeron, espero sus comentarios al final mi columna.

Déjanos tu opinión

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Proudly powered by WordPress | Theme: Baskerville 2 by Anders Noren.

Up ↑

A %d blogueros les gusta esto: